martes, agosto 23, 2016

19 años



La literatura musical dice que, entre abril y diciembre de 1775, en Salzburgo, Wolfgang Mozart escribió cinco conciertos para violín.

Tenía 19 años y estaba contrariado y aburrido por tener que servir en la orquesta dizque mediocre en la que estaba contratado.

En el catálogo de Ludwig von Kögel, que rige desde 1862, aunque ya lleva 8 ediciones con varias correcciones, se dice que estos conciertos son:

K.207 Concierto para violín nº 1 en SI bemol Mayor (del 14 de abril)
K.211 Concierto para violín nº 2 en RE Mayor (del 14 de junio)
K.216 Concierto para violín nº 3 en SOL Mayor (del 12 de septiembre)
K.218 Concierto para violín nº 4 en RE Mayor (del mes de octubre) y
K.219 Concierto para violín nº 5 en LA Mayor -que es habitualmente llamado Turco- (del 20 de diciembre).

Me falta en esta presentación que aquí dejo el primer movimiento del 4to. concierto, malhaya. No lo encontré por ninguna parte.

En todos, el violín es de mi estimado Giuliano Carmignola y por eso no encontré el movimiento que completara el asunto. No cualquiera tenía que ser...


Ya aparecerá y, en cuanto sea, aquí vendrá.




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Listo: Despistado que es un servidor, nomás. Aquí está el 1er. movimiento, Allegro, del 4to. concierto...




domingo, agosto 21, 2016

El sueño y los corderos


Se puede decir de varios modos. Pero es lo mismo.

Lo primero es un aire del que ya hablé hace unos años: Táimse Im' Chodhladh.

Como se sabe, la joven soñada y amada en esta visión del muchacho que duerme y no quiere ser despertado, es Irlanda.

Ahora traigo aquí varias versiones, algunas instrumentales, otras con voz.





Lo que sigue es una balada. El asunto es el tradicional asunto melancólico de un joven enamorado que ve a su muchacha amada casarse con otro. La canción anduvo por años por todas partes y se encuentra en Irlanda o Escocia, en Inglaterra o Canadá, con distintas palabras, pero que ruedan a lo mismo.

Y otra versión más: en un pub de Clare County, alguien la cantó así en septiembre de 1973.




Para los que llegaron hasta aquí, hay premio.

Se dice que ésta de Sean Cannon es la primera grabación comercial de Song for Ireland, un clásico moderno, cuyos autores -Phil y June Colclough- son un matrimonio inglés dedicado a la música folklórica en su país (ella murió en el 2004) y que para componerla se inspiraron en un viaje a las costas del oeste de Irlanda.

Antes de formar parte de The Dubliners, Cannon grabó esta canción en un disco como solista.








jueves, agosto 18, 2016

Φλέρυ




Años sin oír esta voz.

Tan difícil de catalogar como difícil es transcribir su nombre: Flery Dantonaki (es decir, Φλέρυ Νταντωνάκη; aunque, en realidad, Ελευθερία Παπαδαντωνάκη, es decir: Eleuteria Papadantonaki). En cualquier caso, completamente griega.

Una de las voces preferidas de Manos Hatzidakis (es decir, Μάνος Χατζιδάκις), compositor prolífico (y notable) del siglo pasado griego que eligió su voz para tantas de sus obras, desde que se conocieron en 1970.

Un reencuentro feliz para un servidor.

Aquí una muestra de lo mucho que cantó esta joven que murió a los 61 años, en 1998, envuelta en heridas del cuerpo y la psiquis: locura y cáncer.









jueves, agosto 11, 2016

Lorena




Porque a veces es el cómo y no el qué.

A veces.










domingo, agosto 07, 2016

Confessioni


Mauro Corona debe cumplir unos 66 años, desde que vio la luz en su país tridentino, en la Alta Valsugana, en agosto de 1950.

Hombre de montaña, de madera y piedra y agua y fuego. Alpinista de tantas ascensiones, escritor de tantos libros, escultor de tantas figuras.

Aquí, su vida dicha por él mismo, como una especie de testamento, en el medio de sus cosas, de las cosas de su casa, de su estudio y refugio de montaña, en el bosque de Erto, en el Friuli-Venezia Giulia.

Por tantas y buenas razones, mucho de lo que aquí dejo es música.

Para mí.















miércoles, julio 27, 2016

Mamoru



Por estas pampas, casi nadie sabe quién es Mamoru Fujisawa (o Joe Hisaishi, su curioso nombre de arte, que no es lo mismo).

Sólo los adictos a Hayao Miyazaki e Isao Takahata y a las huestes del Estudio Ghibli, diría. Fuera de eso, tal vez alguno lo haya oído en Okuribito, notabilísima película, que mencioné hace algunos años aquí. Pero también podría haber sido en cientos de composiciones y bandas sonoras, que así se cuentan las obras de este japonés.

Hay por allí varias selecciones de sus piezas, divididas por el instrumento dominante.

Como el cello es siempre un amigo entrañable, elegí esta selección que queda aquí, que incluye partituras de cuatro de las películas del Estudio, que los gustadores sabrán reconocer.






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No es fácil dar con Okuribito, pese a ser película famosa por sus premios. Como fuere, aquí queda un nuevo intento para que quienes quieran la vean.




domingo, julio 24, 2016

Todo pasa, todo llega




Varias veces, por una cosa u otra, la cuestión fue mentada. No por eso deja de ser simpático volver a verla.

Hace un lustro, hablando de músicas u otros asuntos por ejemplo, ya había dicho que la Mercedes Sosa o el Eduardo Falú que se iban despidiendo de este valle, decían mejor a los años, a los últimos años, quiero decir.

Y entonces, lo que son las cosas, me vienen a la mente esos versos de Antonio Machado:
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

(Proverbios y Cantares, XLIV)

Y será, si él lo dice.

Pero tan cierto como eso -o más, no me apure...- es que todo pasa y todo llega.

Porque lo nuestro, más que pasar, es llegar.

Como fuere, ahora le toca el turno a don Omar Moreno Palacios.

También a él le pasa que pasa, que va pasando. Y se me hace que va llegando.

Del mismo modo que aquellos que dije antes, a él se le va yendo la voz y los juegos de la voz y la guitarra.

Pero, creo, le va quedando el cantar. El simple canto. El decir. Y ahí mismo es donde me parece que va llegando. Cuando ya no hace falta hacer que uno canta, sino cantar nomás.


Verá usted, compadre.


Dejo dos muestras. Una, Surero en todas partes, un disco grabado en 2013, ayer nomás.




La otra, una recopilación de asuntos de todas partes de estas tierras, cosa infrecuente en él. Va de la mano del cuyano Jorge Marziali en esta grabación que es de 2005.

Acá quedan algunas piezas que amontoné.





(El disco completo, Entre mar y cordillera, está aquí.)



jueves, julio 21, 2016

10 minutos



Vivaldi en 10 minutos. Una sonata en la menor.

El ucranio Roman Reznik, ya consagrado, al fagot -o bassoon que le dicen-; la bisoña sueca Delphine Constantin, al arpa, de quien dicen en su pueblo toca con gusto y talento.


 


¿Arpa y fagot? Sí, arpa y fagot.

Y en 10 minutos.

Y Vivaldi. 


Suficiente.



lunes, julio 04, 2016

BWV 565 x 10




Este número de catálogo en las obras de Johann Sebastian Bach (Bach-Werke-Verzeichnis), corresponde a la famosa Tocata y Fuga en re menor.

Hasta allí, nada que no se sepa.

Lo que es mucho menos frecuente es oír la partitura en instrumentos que no son el órgano original.

Se lo dije varias veces: me gustan las transcripciones.

(Y si lo pienso un poco, se me hace que con la tradición -y las tradiciones- bien puede ser que ocurra otro tanto o cosa parecida. No sé si acaso no era eso mismo lo que hacían los griegos, por ejemplo, cuando trataban más de una vez un mismo mito, cada vez con una voz diferente: no inventar uno nuevo sino tratar el mismo con sensatez..., diría el de Estagira.)

Aquí le quedan, servidas y a su juicio, estas gentes y sus 10 versiones de lo mismo.
Sergei Teleshev, acordeón
Amy Turk, arpa
Costandinos Boudounis, cello
Xavier Varnus y Jazz Trio
Helena Schulthess, flauta
Viktor Ilić, guitarra
Robert Tiso, glass harp o copas musicales
Cyprien Katsaris, piano
Bob Culbertson, Chapman stick
Koninklijk Concertgebouworkest, quintento de vientos de bronce.








jueves, junio 30, 2016

Insomnio




La Variaciones Goldberg son todo un asunto, viera usted. Y un asunto plagado de rarezas.

Si no tiene tiempo para estas cosas, échele nada más una miradita a esta página de divulgación y vea si tengo razón o no.

Se tarda mucho más en leer y entender lo que allí se dice que en oír la obra. Entre otros simpáticos chismes, dicen allí que todo empezó con el conde Hermann-Karl von Keyserling, embajador del imperio ruso en Dresde y Varsovia, allá por 1730 y tantos.

El conde conoció allí al joven clavecinista Johann Gottlieb Goldberg. Por sus dotes prometedoras, lo mandó a estudiar con los Bach, uno de los hijos primero y el padre insuperable, después. El joven hizo carrera, era muy talentoso. Mientras tanto, el conde le encargó a Bach padre una obra, estas famosas Variaciones, que compuso en 1741 y que el embajador pagó con lustrosas y cuantiosas monedas de oro.

Por las noches, el conde, que a la sazón era un consuetudinario insomne, le pedía al joven clavecinista de su corte que tocara esta obra para ver de conciliar el sueño, cosa que al parecer lograba de tanto en tanto.

Le voy a dejar aquí tres versiones. Como me gustan las transcripciones, la primera está pasada a orquesta de cuerdas. Lo hizo el violinista ruso Dmitry Yulianovich Sitkovetsky que fundó y dirige la Nueva Orquesta Europea de Cámara de Cuerdas (no diga nada: es una de las versiones que más me gusta...)

La segunda, está en las manos del pianista ruso Evgeni Alexandrovich Koroliov. La última, finalmente, en el instrumento original, el clave, que ejecuta el maestro Karl Richter en esta ocasión.

Elija, nomás.

Ahora, mire lo que le digo. Hice la prueba: no se puede. Se ve que solamente el conde era capaz de conciliar el sueño con semejante manjar.













domingo, junio 26, 2016

Merlo




Las cosas fuertes, las hondas, se dicen mejor sin gritos, sencillamente.

No todos saben hacer eso. No todos pueden.

Es virtud de criollos. Una de las que más.

Es virtud de varias partes por esta parte del mundo.

Y entonces, también, es cosa pampa, porque es cosa de la tierra. Cosa de la llanura. Aquí el viento no hace mucho barullo cuando sopla. ¿Vio llover en la pampa? ¿Oyó algún pájaro decretar la mañana o la tarde, con cuánta discreción? ¿No son como murmullos? ¿No parece una sinfonía de solistas? Los teros, jilgueritos, el vacaje, algún lechuzón, las perdices.

Todo tan ancho, todo tan lejos, abismalmente luminoso.

Eso tiene su música.











martes, junio 21, 2016

Juletid




Como saben los que saben, hay varias formas de escribir y pronunciar esa fiesta del solsticio de invierno entre los nórdicos y germánicos y paleoingleses. También saben lo que significa. Para el resto de los mortales, no queda más remedio que averiguar de qué se trata.

Con el tiempo, la fiesta del solsticio invernal pagana llegó al puerto del cristianismo. Ya la tenían los romanos también con los festivales del Sol invicto, que vence a las tinieblas, en el tiempo en el que los días comienzan a ser más largos que las noches.

El Sol era Cristo antes que los paganos hubieran visto la luz del valle de este mundo. Porque Cristo es la Luz.

Entre los nórdicos de la alta edad media la cosa fue igual que en el resto del mundo al que llegó la Cruz.

Y fue así como Juletid (el tiempo de Jul) fue entonces la Navidad.

De eso trata esta selección de Kirsten Bråten Berg, investigadora de canciones y músicas tradicionales noruegas: antiguos himnos de Navidad de aquellas partes más frías que nuestra pampa fría de estos días de solsticio invernal.

Dicen que uno de los rituales paganos de aquellas fiestas, era mantenerse despierto durante toda la noche fría, esperando la llegada de la luz del día.

Nada nuevo: los hombres hacen eso desde que salieron del Paraíso: estar en vela una larga noche fría hasta que llegue la Luz.